viernes, 28 de agosto de 2026

La fábula del pescador y el empresario.

 


“Un día un empresario estaba de vacaciones en un pequeño pueblo costero cuando vio llegar un pequeño bote con un solo pescador a bordo. Al acercarse vio que había varios peces de buen tamaño y le dijo al pescador:

– Eres un pescador muy bueno. Tú solo con este pequeño bote y tantos peces ¿Cuánto tiempo has necesitado para pescar todo esto?

El pescador respondió:

– Pues la verdad es que nunca me levanto antes de las 8:30. Desayuno con mis hijos y mi mujer, llevo a mis hijos a la escuela y acompaño a mi mujer al trabajo, luego voy tranquilamente al muelle, donde subo a mi barca para ir a pescar. Estoy una hora u hora y media, como mucho, y vuelvo con los peces que necesito, ni más ni menos. Al llegar a tierra, me tumbo en mi hamaca a leer el periódico mientras disfruto del paisaje, luego voy a casa a preparar lo que pesqué, y paso la tarde tranquilo, hasta que vienen mis hijos y disfrutamos haciendo juntos los deberes, paseando, jugando…

-Quieres decir que en tan poco tiempo has pescado todo esto. ¡Es extraordinario! ¿Has pensado en pescar más horas al día?

-¿Para qué? Pregunta el pescador.

– Pues porque si pasas más horas pescando, en 8 horas por ejemplo tendrías 8 veces más peces, y así tendrías un superávit que te permitiría venderlos y ganar dinero.

– ¿Para qué? Pregunta una vez más el pescador.

– Con más dinero podrías comprar una barca más grande y contratar a pescadores para que vayan a trabajar contigo y así conseguirías más pescados.

-¿Para qué? Pregunta otra vez el pescador.

-Con ese incremento de ventas, tus ingresos serían tan altos que te permitirían invertir en una flota de barcos. Con el tiempo tu empresa de pesqueros crecería y llegarías a ser muy rico.   

– ¿Para qué? Pregunta el pescador sin entender.

– ¿Pero no lo entiende? Con este pequeño imperio de pesca, usted solo se tendría que preocupar de gestionarlo todo. Usted tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que le venga en gana. 

-No tendría que madrugar nunca más, podría desayunar cada día con su familia, podría acompañar a los niños al cole, jugar con ellos por la tardes, pasear y disfrutar del paisaje.

–¿Y no es eso lo que estoy haciendo ahora mismo? -concluyó el pescador.




lunes, 24 de agosto de 2026

Me lo dijo un colobrí .




Quiero decirte qué ese dolor qué no le cuentas a nadie, va a pasar.  

Qué un día volverás a bailar y a reír sin temor a romperte en el proceso. 

Quiero qué sepas que los días malos no duran para siempre, qué al final vuelve a salir el sol y tú volverás a florecer. 

Quiero decirte qué la herida cerrará, sólo se observa dónde un día dolió demasiado. Si quieres llorar hazlo, hasta secarte,  y luego ve al mar a llenarte el alma de olas y atardeceres. 

Quiero decirte qué siempre habrá amor, siempre me tendrás en tu alma,  y eso es lo más importante.

Regálate las flores, de rosas que te gustan, cómprate ese chocolate que tanto te gusta, comete ese helado de cafe.  Ponte un vestido corto,  y el labial rojo. 

Porque todo pasa, y  no dolerá para siempre. 

Date la  oportunidad de sentir que no puedes más, y luego sorpréndete al darte cuenta que pudiste con todo. 

Todo pasa, esto también pasará, lo prometo. Tu sabes volar, antes volabas por el mundo,  y yo se que no has olvidado como hacerlo,  sólo que en éste tiempo las alas se  te volvieron pesadas.

Yo se que  la vida se te ha puesto  difícil,  pero sólo  será  por un tiempo.

Yo estaré siempre presente para darte la fuerza que necesites, sí, ahí estoy cuándo me miras extraer la miel en nuestro patio.

Me lo dijo un colibrí... 


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“Se cuenta que los colibríes son mensajeros de 
las almas de los que amamos y ya partieron.”





jueves, 13 de agosto de 2026

Fábula: La rana sorda.



Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del pozo.

Rápidamente notaron que era más profundo de lo que pensaban, ya que sus compañeras saltaban pero no podían lograr salir de él.  Saltaban una y otra vez, con todas sus fuerzas, pero sus saltos no eran suficientes para logar escapar. Fue entonces cuando las ranas de la superficie empezaron a gritar a las que se encontraban en el pozo para que dejaran de intentarlo:

¡No lo intentéis! —Gritaban a las pobres ranitas del pozo— ¡Nunca lo lograréis! ¡Lo mejor es que os rindáis de una vez!

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió.

En cambio, su compañera, lejos de desmoralizarse, cada vez lo intentaba con más ímpetu. Y, aunque las otras ranas seguían gritando que renunciara, ella no desistía:

—¡Deja de sufrir! ¡Renuncia ya!

Pero aquella rana parecía incansable y no se detenía.

Entonces, de repente, frente a los ojos atónitos de las ranas que se encontraban en la superficie, la rana que quedaba en el pozo logró saltar lo suficientemente alto como para salir de donde estaba, dejando a las otras completamente maravilladas. 

¡No podían creer que la rana hubiera logrado salir, incluso aunque le habían dicho que se rindiera porque nunca lo iba a lograr! Más tarde, eso sí, se dieron cuenta de que la rana que había logrado salir era sorda, y que en realidad creía que la estaban dando aliento, lo cual le dio la motivación suficiente como para logar salir finalmente del pozo.

La moraleja de esta historia, es que nuestras palabras tienen un gran poder. Por eso, cuando le damos aliento a alguien, esa persona puede llegar muy lejos, como la ranita que logró salir del pozo gracias a creer que sus compañeras la estaban alentando. Del mismo modo, debemos tener en cuenta que las palabras negativas pueden llegar a desmoralizar a los demás llegando a hacer mucho daño, como le sucedió a la ranita que se quedó en el pozo. ¡En nuestra mano puede estar!