Una historia sencilla pero profunda del reino animal ofrece una lección atemporal sobre la inutilidad de discutir con aquellos que están cerrados a la razón o a la verdad. La historia es así:
Un día, un burro le dijo a un tigre: “La hierba es azul”. El tigre, desconcertado, respondió: “No, la hierba es verde”. Su debate se volvió cada vez más acalorado, y decidieron someter el asunto a arbitraje, buscando la sabiduría del león, el rey de la selva.
Al acercarse al león en su trono, el burro comenzó a gritar: “¡Su Alteza, no es cierto que la hierba es azul?” El león, viendo la situación tal como era, respondió: “Si tú crees que es cierto, la hierba es azul”. Regocijado, el burro continuó: “El tigre no está de acuerdo conmigo, me contradice y me molesta. Por favor, castígalo”. El león entonces declaró: “El tigre será castigado con tres días de silencio”.
El burro, triunfante, saltó de alegría y se fue cantando: “¡La hierba es azul, la hierba es azul...”
El tigre, perplejo, le preguntó al león: “Majestad, ¿por qué me has castigado? Después de todo, la hierba es verde”. El león respondió: “Tú sabes y has visto que la hierba es verde”. Confundido, el tigre preguntó: “¿Entonces por qué me castigas?” El león respondió: “Esto no tiene nada que ver con la cuestión de si la hierba es azul o verde. El castigo es porque es degradante para una criatura valiente e inteligente como tú perder el tiempo discutiendo con un asno, y encima, viniste a molestarme con esa pregunta solo para validar algo que ya sabías que era verdad!”
El mensaje clave de esta historia reside en su moral simple pero poderosa: no tiene sentido discutir con alguien que no está interesado en la verdad o la realidad, sino solo en la rectitud de sus creencias o ilusiones. Cuando se enfrenta a tal obstinación, la inteligencia se demuestra mejor alejándose, no participando en debates inútiles.
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