Pertenecer no es encajar a la fuerza, es descansar sin miedo en un lugar, en un vínculo o una mirada.
Es cuando nuestro cuerpo no se tensa, cuando la respiración se vuelve más profunda y ya no necesitamos explicarnos todo el tiempo.
Pertenecer es ese instante silencioso en que mi mente deja de defenderse y nuestro corazón baja sus armas.
Hay algo en el cuerpo que lo reconoce primero, los hombros se sueltan, el pecho se abre apenas,
y aparece una calma suave casi imperceptible cómo si por fin pudiera ser sin pedir permiso.
La felicidad de pertenecer no es euforia, es quietud.
Es saber, sin palabras, que hay un lugar donde no tengo que demostrar nada.
Dónde mi historia no es demasiado, donde ni presencia alcanza.
Y en ese espacio mi mente deja de buscar y mi cuerpo deja de resistir.
Y algo dentro de mí, susurra:
Aquí estoy. Aquí soy. Aquí pertenezco.
Gracias a mi querida Flora
por enviarme esta bonita reflexión...cuando a veces el cuerpo se revela contra una misma, con tensiones y ansiedades, porque no nos sentimos bien en ese lugar o momento de nuestra vida (esa falta de paz mental).
Recordar esta reflexión ayuda a respirar profundo sin necesidad de explicar lo que nos hace sentir bien y el lugar donde queremos estar.

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